domingo, 22 de enero de 2012

La unidad antiimperialista es imprescindible para la paz.

30/4/2011


El 29 de abril de 1945 comenzó el asalto del Reichstag de Berlín, por fuerzas del Primer Grupo de Ejércitos Bielorruso, a cargo del Mariscal Zhúkov. El día 1 de mayo, soldados de la 150 división de infantería, colocaron la Bandera Roja de la Victoria sobre el Reichstag.

Aun habría que esperar hasta el 9 de mayo para proclamar la victoria, pero esa bandera ondeando sobre la bestia nazi, se constituyó en el símbolo del inicio de una nueva época en la que la dictadura del Proletariado se fue extendiendo por el centro y éste de Europa. Se consolidaban la paz y el progreso.

En la mayor parte de Europa occidental, la burguesía acorralada por las fuerzas populares, mayoritariamente organizadas en los PCs, se vio obligada a hacer importantes concesiones a los trabajadores para evitar su giro hacia la URSS y el Comunismo.

La existencia del bloque de países socialistas tras la guerra mundial, a los que se sumó la China de Mao tras su gloriosa victoria revolucionaria, supuso un importantísimo avance para los movimientos de liberación nacional en todos los continentes, para quienes los países socialistas eran un polo de atracción hacia los que dirigir sus miradas y orientar sus políticas de forma progresista, con el aliciente de tener un bloque poderoso de referencia que prestaba su apoyo político y, en muchos casos, material, económico y militar contra las fuerzas reaccionarias e imperialistas. Pese a retrocesos parciales, fueron tiempos de avances globales en la emancipación de los pueblos en los que las luchas siempre adquirían un carácter hacia el progreso social. La paz y la estabilidad se iba afianzando a medida que el carácter de liberación de las guerras hacía retroceder inexorablemente a los viejos poderes dominantes.

País tras país, el imperialismo retrocedía en sus posiciones en todas partes. La gran nación árabe logró grandes avances en su unidad, que le dio la fuerza y la moral para intentar expulsar al gendarme imperialista sionista que se había incrustado en tierra Palestina.

Pero el estallido del Pacto de Varsovia tras la llegada al poder de traidores- agentes de potencias extranjeras, como dramático colofón a la división del Movimiento Comunista Internacional tras la muerte de Stalin, inició el camino a un avance de la burguesía y el imperialismo dificil de concebir. La retirada de las tropas soviéticas de Afganistán abrió la etapa de restauración del poder burgués allí donde había sido expropiado por el Poder Soviético.

En los Balcanes y el mundo árabe islámico las consecuencias fueron especialmente catastróficas. La destrucción de Yugoslavia por la OTAN, ante la traidora mirada colaboracionista de los bandidos usurpadores del Kremlim, sin que quedara resistencia armada alguna, facilitó al eje yanki-sionista la invasión de Irak como primer paso a la recolonización de todos los países árabes e islámicos, de la que no es ajena la fraticida división existente entre éstos, agudizada por la propia destrucción del Bloque Socialista.

Pero para conseguir sus objetivos, la máquina imperialista tiene que doblegar la resistencia de los pueblos que se alzan contra los odiados regímenes impuestos por Wáshington en Oriente Medio y Norteáfrica que, pese a no contar con el referente aglutinador del Bloque Socialista, tratan de liberarse de los monárcas y jeques vasallos al servicio de las potencias occidentales. Las masas árabes, aun contando solo con sus propias fuerzas, pues las recientes decisiones de China en la esfera internacional parecen hacer desvanecer las esperánzas de que el gigánte asiático se decante por una clara y activa línea antiimperialista, no cejan en su empeño heroico de derrocar a esos odiados regímenes, para lo que cuentan con el inestimable apoyo moral del gran lider de la revolución cubana.

Ante esta situación los jefes del imperio contraatacan movilizando todas las fuerzas reaccionarias que manejan contra los países antiimperialistas que en su día se acercaron a la URSS, como Libia y Siria. Arrastrando tras de si a los sectores mas retrógrados de la sociedad, los imperialistas y sus mercenarios tratan de derrocar a los gobiernos que no se someten y que quieren seguir siendo dueños de sus propios recursos. Pero una feroz resistencia es lo que encuentran en cada palmo de terreno, aglutinándo con mas energía a los pueblos leales entorno a sus líderes que, como Gadafi, ya son verdaderas pesadillas para los jefes y los mercenarios del imperio.

Ahora los países agredidos por las nuevas viejas poténcias coloniales, y todos los movimientos populares orientados hacia su liberación del dominio yanki-sionista en Oriente Medio y Norteáfrica, deben aparcar sus diferencias y orientarse hacia una coalición que multiplique sus fuerzas frente a los ataques encabezados por la OTAN.

En la etapa actual de la lucha en Medio Oriente, la posición justa es la defensa de Libia y Siria, de las Resistencias de todas las organizaciones enfrentadas a la violencia de las poténcias imperialistas y de los movimientos de masas alzados c ontra los gobiernos reaccionarios impuestos por los opresores de siempre. Si por la senda de la división, EEUU e Israel intentan alcanzar uno a uno sus objetivos, el camino de la unidad antiimperialista será su estrepitosa derrota.

Aquella batalla que izó la Bandera Roja de la Victoria el 1 de mayo en Berlín, no fue la última. Habrá muchas otras que atronarán sobre los tiranos burgueses y los reducirá a la escoria que son y, entonces, nuestra victoria traerá la paz definitiva a todos los pueblos.

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