domingo, 22 de enero de 2012

Los imperialistas amplian sus operaciones especiales.

4/7/2011


LOS IMPERIALISTAS AMPLIAN SUS OPERACIONES ESPECIALES.

Tras las brutales actuaciones de la policía griega contra los concentrados pacíficamente en la plaza Sintagma de Atenas, los gobiernos de la UE no han emitido ninguna declaración de advertencia contra el gobierno de Atenas por reprimir violentamentamente a su propio pueblo, ni mucho menos ha decidido imponer sanciones económicas contra Atenas, tal como hizo contra Bielorusia, tras incidentes mucho menores ocurridos ante el parlamento de Minsk, protagonizados por enfurecidos opositores que asaltaron el parlamento tras conocer su aplastante derrota electoral, jaleados y enfervorizados por la propaganda occidental imperialista, que tiene a Bielorusia en el punto de mira de sus armas desestabilizadoras.

Simultáneamente a la brutal represión policial griega contra su propio pueblo, el gobierno de ese país ha prohibido partir hacia Gaza a la segunda flotilla de la Libertad, ordenando a su marina de guerra obstaculizar la salida a los barcos internacionales, incluido el español Guernika.

Y ello despues de que los marineros de la flotilla descubrieran dos sabotajes contra sus barcos, en los que fuerzas especiales, profesionales y provistas de alta tecnología, colocaron dispositivos sofisticados en las hélices de dos navios que les habrían echado a pique en alta mar, produciendo seguramente muchas victimas entre tripulantes y pasajeros.

Mientras las fuerzas especiales, seguramente sionistas, se permiten actuar encubiertamente en puertos europeos, continuan operando abiertamente en el resto del mundo.

En Siria organizando y entregando armamento a grupos armados proimperialistas.

En Libia, a la luz y sin tapujos, el ejército francés entrega armas a los terroristas libios, vulnerando descaradamente las tramposas resoluciones del Consejo de Inseguridad de la ONU, de una forma tan descarada, que hasta al domesticado Medvedev ruso se le pone difícil justificar ante sus conciudadanos su sumisa posición en el caso Libia.

Los multiples frentes de intervención imperialista abiertos actualmente son tan solo la punta del iceberg del conflicto mundializado, creado por el propio imperialismo y para el que se prepara activamente, a fin de organizar sus fuerzas locales y actuar ilegal, clandestinamente o de manera abierta, en apoyo de grupos saboteadores y terroristas por todas partes.

Para ello, el gobierno estadounidense está creando un sistema furtivo de comunicaciones basado en telefonía movil por satélite e internet paralelo, para dar instrucciones y organizar a elementos fascistas y anticomunistas de manera global, enmascarados con el estereotipo de opositores democratas.

El sistema ya ha sido utilizado en los países árabes y desplegado masivamente en Afganistán, donde la existencia de decenas de bases militares norteamericanas facilita el uso de sus antenas de forma paralela a las redes globales.

El Pentágono, el Departamento de Estado norteamericano y el Tshal preparan así una red mundial de comunicaciones para preparar golpes de estado, acciones encubiertas y operaciones especiales para desestabilizar países no sumisos, consolidar dirigentes vasallos y organizar elementos fascistas.

Estos planes y actuaciones de los imperialistas no son ni mucho menos nuevos. Durante la Guerra Fría, los servicios de inteligencia norteamericanos trabajaron sin descanso para hostigar al bloque soviético, obteniendo escasos resultados mientras la dirección soviética mantuvo decididamente la defensa de su territorio, infringiendo serios reveses a los intentos de violar su soberanía, como el derribo del avión espia U2 norteamericano.

En la medida en que la dirección soviética fue siendo copada por elementos vacilantes y proclives a la traición, los servicios especiales occidentales fueron obteniendo mayores logros e influyendo directamente en la liquidación del Pacto de Varsovia y de la URSS.

A lo largo del tiempo, los medios técnicos y materiales han ido evolucionando, pero la inspiración política estratégica no ha variado: se trata de combatir como sea cualquier pais, organización o movimiento que no sea afín a los intereses de la clase dominante.

Esa clase burguesa dominante, consolidada en gran parte por el capital sionista tiene en la defensa del gobierno reaccionario de Israel uno de sus pilares fundamentales. Y es en esa línea que sus fuerzas especiales y servicios secretos, en colaboración con la de otros países, vienen actuando desde hace tiempo para desestabilizar aquellos Estados árabes e islámicos con gobiernos que no rinden pleitesía al eje Washington-Tel Aviv.

Muy fuerte ha sido su presión sobre Líbano, Irán y Palestina, pero se desconocía los preparativos y actuaciones sobre otros países de la región como Libia y Siria, sin perjuicio del tradicional apoyo sionista-imperialista a los gobiernos reaccionarios, como los de Arabia Saudí y Egipto, principalmente.

Ha sido la agudización de las contradicciones internas del mundo árabe lo que ha precipitado la actuación de las fuerzas imperial sionistas en una clara dirección de incrementar el apoyo a los gobiernos reaccionarios donde estos detentan el poder ( Arabia, Jordania,Yemen), y de sostén a las fuerzas locales reaccionarias donde no lo tienen (Libia, Siria). En el primer caso, la injerencia imperialista se realiza contra el pueblo harto de gobiernos marioneta y, en el segundo, contra los gobiernos de base popular que en su día se orientaron hacia la colaboración con el Bloque Soviético.

La evidencia de estas injerencias tratan de ser camufladas por toda la pléyade de medios de desinformación gubernamentales imperialistas y por esa nebulosa de colaboradores mas o menos influyentes entre la clase trabajadora de las potencias neocoloniales, en forma de partidos colaboracionistas de izquierda, ONGs y sindicatos mayormente financiados por el capital.

Los feroces ataques imperialistas seguirán extendiendo la destrucción y el sufrimiento a las regiones del planeta que no se someten al designio de las potencias dominantes, pero no podrán detener la marcha inexorable de los pueblos hacia su liberación nacional en el camino hacia el Socialismo.

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